Hay que decirlo: no todo lo que reluce bajo la bandera de la sostenibilidad es oro.
La palabra se ha convertido hoy en un mantra, un imprescindible del marketing, incluso una especie de religión: parece que no se te ocurre vender (o comprar) ni siquiera un pin si no tiene la etiqueta de sostenible.
En realidad se trata de un término con un contenido vago, engañoso y limitado si no se asocia al concepto de economía circular según la cual, para permanecer en el ámbito de los bienes de capital y de consumo, la vida del producto -desde el diseño hasta la producción, desde distribución hasta el consumo- no termina ni cuando se convierte en residuo, ni cuando se descarta del mercado (según teoriza el marketing tradicional), sino que continúa a través de las fases de recolección, regeneración, reciclaje, reutilización y devolución, bajo otras formas. , en el ciclo económico.
“Aunque no fue, al menos al principio, el resultado de elecciones de diseño, la concepción misma de nuestros productos y su cadena de producción nos llevó a practicar este enfoque destinado a salvaguardar el bienestar del planeta. La elección de utilizar metales y aleaciones metálicas en lugar de plástico (cuyo reciclaje suele ser difícil y costoso, hasta el punto de que los ingleses hablan de downcycle) permite inmediatamente recuperar los desechos de procesamiento que se refunden con un consumo de energía y unos costes que son ambos aceptables para el equilibrio económico de la comunidad y para el mercado.
Otro parámetro básico en este marco es la durabilidad del producto y aquí también las PLH pueden opinar."
dice Enrico Corelli: “Nuestras colecciones están diseñadas para no jubilarse nunca. La materia prima, los metales con los que se mecanizan las placas, es en sí misma duradera. El software que gestiona los procesos mecánicos tiene muy en cuenta la eficiencia del proceso, es necesario desperdiciar el mínimo posible. Incluso los tratamientos superficiales y los acabados, fundamentales para dar alma e identidad a nuestras creaciones y hacerlas únicas y personalizadas, se realizan según estos criterios. Por otro lado, nuestra investigación sobre diseño y estética pretende crear formas, texturas y ergonomía que sean impermeables a las modas y al mismo tiempo implementables para adaptarlas a nuevos estilos de vida y nuevos paradigmas de comportamiento".
Y aquí llegamos al punto crítico de la economía circular: ¿qué pasa cuando el producto se vuelve obsoleto y no funcional y hay que desecharlo?
“La respuesta está en la capacidad del producto para desmontarse en piezas regenerables, reutilizables y recombinables. Hace poco leí sobre una empresa que recupera componentes de ordenadores y PC, de por sí difíciles de eliminar, y los utiliza para crear muebles de última generación. Todas las colecciones PLH son desmontadas y reciclables. Todos excepto la placa Skin que utiliza pegamento para unir metal y material decorativo. Pero estamos trabajando en ello. Por una buena causa nunca es imposible”.